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Cómo plantear un piloto tecnológico en un servicio de emergencias

La incorporación de nuevas tecnologías en servicios de emergencias (como brigadas forestales, protección civil o servicios municipales de intervención) no puede hacerse de forma improvisada.

Nexum

1. Definir el objetivo del piloto

Antes de hablar de dispositivos, licencias o conectividad, hay que responder con claridad a dos preguntas:

  • ¿Qué problema concreto queremos abordar?
    • Mejorar la localización en campo de los equipos.
    • Aportar más información al Puesto de Mando en tiempo real.
    • Reducir la incertidumbre sobre la posición y estado de las brigadas.
    • Facilitar la reconstrucción posterior del operativo para aprendizaje.
  • ¿Cómo sabremos si el piloto ha sido un éxito?
    • ¿Queremos reducir tiempos de respuesta ante ciertas situaciones?
    • ¿Mejorar la calidad de la información disponible en el mando?
    • ¿Aumentar la percepción de seguridad de los equipos?

Un piloto no debería intentar resolver todos los problemas a la vez. Es preferible centrarse en 1–2 objetivos bien acotados, con indicadores claros.

2. Elegir el contexto adecuado: simulacros y ejercicios

Las emergencias reales no son el lugar para estrenar tecnología. La fase de prueba debe realizarse siempre en entornos controlados:

  • Simulacros de incendio forestal.
  • Ejercicios de coordinación entre brigadas sobre el terreno.
  • Maniobras de formación con despliegue completo de medios.

Esto permite “forzar” situaciones interesantes para el piloto:

  • Dispersión de los equipos por distintas zonas.
  • Cambios intencionados de despliegue para comprobar la actualización en el mapa.
  • Pérdida y recuperación de cobertura en determinadas áreas.

Además, trabajar en entorno de simulacro reduce la presión psicológica y operativa sobre los equipos, lo que facilita un feedback más reflexivo y constructivo.

3. Seleccionar participantes y roles

Un error frecuente es pensar que el piloto es solo “cosa de la brigada”. En realidad, deberían estar implicados varios perfiles:

  • Operativos de campo (brigadistas, capataces, jefes de cuadrilla):
    usan los dispositivos NEXUM, los cargan, los llevan puestos y sufren (o disfrutan) la tecnología en primera línea.
  • Mando intermedio / Puesto de Mando Avanzado:
    utilizan el panel de control (por ejemplo, en HELEMENTA) para visualizar la posición y el estado de los equipos.
  • Responsables técnicos / jefatura de servicio:
    definen los objetivos del piloto, supervisan la metodología y participan en la evaluación final.
  • Equipo tecnológico (interno o externo):
    se encarga de desplegar, monitorizar el funcionamiento de la solución y dar soporte durante el ejercicio.

Es importante que desde el principio se identifique un/una “sponsor interno” del piloto dentro del servicio de emergencias: alguien que crea en el proyecto, le dedique tiempo y tenga capacidad de coordinación.

4. Diseñar el piloto: alcance y mínimo viable

No todos los pilotos necesitan el despliegue máximo de la tecnología. De hecho, suele ser mejor empezar con un alcance limitado:

  • Número de brigadas participantes (por ejemplo, 1–2 cuadrillas completas).
  • Número de dispositivos NEXUM a desplegar (por ejemplo, un dispositivo por brigadista, más alguno de reserva).
  • Duración del piloto (uno o varios simulacros dentro de una misma campaña de entrenamiento).
  • Escenarios a cubrir (ataque inicial, cambio de flanco, repliegue, evacuación simulada, etc.).

Desde el punto de vista técnico, hay que definir el mínimo viable realista:

  • Tipo de conectividad a utilizar (4G/5G, radio+gateway, combinación según zonas).
  • Área donde se probará (orografía, cobertura esperada).
  • Nivel de integración con otros sistemas (en una primera fase, a menudo basta con que NEXUM se vea en HELEMENTA, sin necesidad de integrarlo aún en todos los sistemas existentes).

El objetivo del piloto no es que todo esté perfecto, sino comprobar dónde aporta valor y qué hay que mejorar.

5. Plan de pruebas y escenarios de uso

Para que el piloto sea útil, no basta con “salir al monte con los dispositivos”. Conviene diseñar un plan de pruebas simple, pero explícito:

  • Escenario 1: despliegue inicial
    • ¿Cómo se asignan los dispositivos a cada brigadista?
    • ¿Cuánto se tarda?
    • ¿Cómo se visualiza el despliegue en el panel?
  • Escenario 2: cambio de posición / reconfiguración
    • Se ordena a una parte de la brigada cambiar de zona.
    • ¿Con qué rapidez se refleja en el sistema?
    • ¿Ayuda al mando a entender mejor la situación?
  • Escenario 3: pérdida de contacto / situación de riesgo simulada
    • Se simula la desconexión o inmovilización de un dispositivo.
    • ¿Qué ve el Puesto de Mando?
    • ¿Qué protocolos se activarían en un caso real?

Cada escenario debería documentarse brevemente para, después del ejercicio, poder analizar qué ha ocurrido y qué se ha aprendido.

6. Recogida de feedback: datos y percepción

Un buen piloto combina medidas objetivas y percepciones subjetivas:

  • Datos objetivos:
    • ¿Hubo dispositivos que dejaron de transmitir? ¿Cuándo y dónde?
    • ¿El sistema mostró la información con el retraso previsto?
    • ¿Se registraron todos los movimientos y eventos clave?
  • Feedback de los usuarios:
    • ¿Les resultó cómodo llevar el dispositivo?
    • ¿La información mostrada en pantalla era clara y útil?
    • ¿Hubo momentos en que la tecnología generó más ruido que ayuda?

Aquí es muy útil realizar entrevistas breves o cuestionarios muy simples justo después del ejercicio, cuando la experiencia está fresca pero ya sin tensión.

7. Evaluación y decisiones posteriores

Con los datos técnicos y el feedback recogido, llega el momento de la evaluación:

  • ¿Se han cumplido los objetivos definidos al inicio?
  • ¿En qué aspectos ha aportado valor la tecnología?
  • ¿Qué problemas han surgido? ¿Son solucionables con ajustes razonables?
  • ¿Qué mejoras se proponen para una segunda iteración del piloto o para un despliegue real?

Las posibles conclusiones pueden ser varias:

  • Escalar la solución a más brigadas o a toda la campaña.
  • Realizar un segundo piloto más ambicioso incorporando las mejoras detectadas.
  • Decidir que no es el momento (por recursos, prioridades, etc.), pero dejando el conocimiento generado documentado.

Lo importante es que la decisión se tome con base en evidencias, no solo en impresiones.

8. Riesgos habituales al implantar tecnología en emergencias

Al plantear pilotos tecnológicos en servicios de emergencias, suelen aparecer algunos riesgos recurrentes:

  • Expectativas infladas: esperar que la tecnología resuelva problemas estructurales de organización o comunicación.
  • Sobrecarga de información: paneles llenos de datos que, en la práctica, el mando no puede procesar durante la emergencia.
  • Falta de formación previa: usuarios que ven la herramienta por primera vez justo el día del simulacro.
  • Resistencia al cambio: equipos que perciben la tecnología como un control adicional, en lugar de como un apoyo a su seguridad.

Ser conscientes de estos riesgos desde el inicio ayuda a mitigarlos: formación mínima, objetivos claros, paneles sencillos y participación de los equipos en el diseño.

9. Conclusión

Un piloto tecnológico bien planteado en un servicio de emergencias no es un simple “test de producto”, sino un proceso de aprendizaje compartido entre el servicio y el proveedor tecnológico.

En el caso de soluciones como NEXUM, orientadas a la seguridad de brigadas forestales, el piloto permite:

  • Validar que la tecnología funciona en las condiciones reales de trabajo.
  • Comprobar que aporta información útil al mando, sin añadir complejidad excesiva.
  • Ajustar el diseño en base a la experiencia y el criterio profesional de quienes se juegan la vida sobre el terreno.

La clave está en definir bien el objetivo, probar en simulacros, medir lo que ocurre y decidir con datos. Solo así la tecnología deja de ser una promesa y se convierte en una herramienta fiable al servicio de quienes, cada campaña, se enfrentan al fuego y a otros riesgos para proteger el territorio.